Pasaje

“Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra… y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro.” — Éxodo 17:12

Reflexión

Israel está en plena batalla contra Amalec, y mientras Josué pelea abajo, Moisés sostiene sus brazos en alto en la colina, porque mientras sus manos están levantadas, Israel va ganando. Pero los brazos de un hombre, sin importar cuánta fe tenga, se cansan. El texto no dice que Moisés se rinde ni que finge que no está cansado. Dice que Aarón y Hur, uno de cada lado, le sostienen las manos hasta que termina la batalla.

Es fácil pensar que cargar una batalla completamente solo es lo que se espera de un hombre fuerte. Que pedir ayuda, o simplemente dejar que alguien note que ya no puedes más, sea una forma de fracaso. Pero Moisés, uno de los líderes más usados por Dios en toda la Escritura, no ganó esa batalla con sus propias fuerzas hasta el final. La ganó porque dos hombres estuvieron dispuestos a sostenerlo cuando ya no podía sostenerse solo.

Pablo lo convierte casi en un mandamiento siglos después: “sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo” (Gálatas 6:2). No dice que cada uno cargue lo suyo en privado y en silencio. Dice que cargar juntos es, literalmente, cómo se cumple la ley de Cristo. La batalla que estás peleando ahora, la que te tiene los brazos cansados, quizás no fue diseñada para que la sostengas completamente solo.

Oración

Señor, gracias porque incluso Moisés necesitó que alguien le sostuviera los brazos. Perdóname por las veces que confundo pedir ayuda con debilidad. Dame la humildad de dejar que alguien sostenga lo que ya no puedo sostener solo, y dame también la disposición de ser ese apoyo para otro cuando sus brazos se cansen. Amén.