Hay una pregunta que suele aparecer disfrazada de otras: ¿importa lo que hago? No la versión grande y filosófica, sino la cotidiana. Si dejara este trabajo, ¿alguien lo notaría de verdad? Si no estuviera en este grupo, en esta familia, en esta comunidad, ¿algo cambiaría en serio, o simplemente alguien más ocuparía el espacio?

Es una pregunta razonable en una cultura que mide el valor por lo reemplazable que sos en un puesto, en una relación, en un rol. Pero es también una pregunta que parte de una premisa equivocada.

Para esta hora

La reina Ester recibe un mensaje difícil de su tío Mardoqueo: hay un plan para destruir a su pueblo, y ella, por su posición única, tal vez sea la única que puede hacer algo al respecto. La frase que le dice es una de las más citadas de todo el libro: “¿y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?”

No le dice que cualquiera podría hacer lo que ella iba a hacer. Le dice lo contrario: que su posición específica, en ese momento específico, con esas circunstancias particulares que nadie más tenía, la hacían la persona indicada. Eso no fue casualidad según el relato. Fue diseño.

Preparadas de antemano

Efesios 2:10 usa un lenguaje que vale la pena detenerse a leer con cuidado: somos hechura de Dios, creadas para buenas obras que él preparó de antemano para que las hiciéramos. No dice que Dios te va a usar si sobra tiempo o si tenés las cualidades correctas. Dice que hay obras específicas, preparadas específicamente, esperando a alguien específica. Vos.

Eso no significa que tenga que ser algo grande y visible. La mayoría de esas “buenas obras preparadas de antemano” se ven como una conversación en el momento correcto, una decisión de quedarte cuando sería más fácil irte, una fidelidad silenciosa que nadie aplaude pero que sostiene a otros.

Un cuerpo, muchas partes

1 Corintios 12 usa la imagen de un cuerpo para describir a una comunidad: cada parte tiene una función, y ninguna es intercambiable sin que se note la ausencia. “Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso”, dice el texto. No como quisieron ellos. Como quiso Dios.

Eso quita presión y la pone al mismo tiempo. Quita la presión de tener que inventarte un propósito grandioso desde cero. La pone porque significa que el lugar que ocupás, por más pequeño que parezca desde afuera, no es intercambiable. Alguien más podría ocupar tu puesto de trabajo. Nadie más puede ocupar exactamente el lugar que solo vos ocupás en las historias específicas de las personas específicas que tenés alrededor.