Hubo un momento, probablemente no lo recordás con exactitud, en que dejaste de arriesgarte. No fue una decisión consciente ni dramática. Fue una acumulación de veces que elegiste lo seguro: el trabajo estable en vez del proyecto propio, quedarte callado en vez de decir lo que pensabas, la rutina conocida en vez de la posibilidad incómoda de fallar en público.
Cada una de esas decisiones, por separado, tenía sentido. Pero sumadas construyeron una vida bastante más chica que la que una vez imaginaste. Y ahora, aunque todo “funciona”, hay una inquietud de fondo que ni el ascenso ni las vacaciones logran calmar del todo.
El siervo que enterró el talento
Hay una parábola incómoda en Mateo 25. Un hombre reparte talentos entre tres siervos. Dos los arriesgan y los multiplican. El tercero, por miedo a perder lo que le dieron, lo entierra y lo devuelve intacto. La respuesta que recibe no es “al menos no lo perdiste”. Es dura, casi desproporcionada para quien solo intentó jugar seguro.
La parábola no habla de dinero en realidad. Habla de lo que hacés con lo que se te dio: tiempo, capacidad, una idea que traés dando vueltas hace años. Enterrarlo por miedo a que salga mal no es prudencia. Es la forma más segura de garantizar que nunca dé fruto.
Salir sin saber a dónde
Abraham recibe una instrucción extraña en Génesis: salí de tu tierra, hacia un lugar que todavía no te voy a mostrar. Hebreos 11:8 lo resume así: salió sin saber a dónde iba. No tenía el mapa completo. Tenía una dirección, y la confianza suficiente para dar el primer paso sin que el resto estuviera resuelto.
Eso es lo opuesto a como la mayoría de los hombres adultos toman decisiones grandes hoy. Queremos el plan completo antes de movernos. Queremos garantías. Y mientras esperamos esa certeza que nunca termina de llegar del todo, la vida sigue pasando exactamente igual que ayer.
Valentía no es ausencia de miedo
Josué 1:9 no le dice a Josué que no va a tener miedo. Le dice que sea valiente a pesar de él: “esfuérzate y sé valiente, no temas ni desmayes”. La valentía bíblica no espera a que el miedo desaparezca para actuar. Actúa con el miedo presente, confiando en algo más grande que el resultado incierto.
No se trata de renunciar a tu trabajo mañana ni de tomar decisiones impulsivas para sentirte vivo de nuevo. Se trata de identificar esa cosa puntual que enterraste por seguridad, y preguntarte con honestidad si seguir enterrada es en verdad lo prudente, o si es simplemente lo cómodo disfrazado de sabiduría.