Pasaje

“Y descendió el Espíritu de Dios como paloma, y vino sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.” — Mateo 3:16-17

Reflexión

Jesús escucha esa voz antes de sanar a nadie, antes de enseñar una sola parábola, antes de la cruz. El Padre no espera el ministerio para declarar amor. Lo declara al inicio, sin condición previa que cumplir.

La mayoría de los hombres invierte el orden: primero el logro, después, tal vez, el derecho a sentirse suficiente. Un ascenso, un proyecto terminado, una aprobación explícita. Y aunque llegue, la sensación de ser suficiente dura poco. Hay que volver a ganarla con el siguiente desafío.

Romanos 8 ofrece otro punto de partida. No dice que vas a ser adoptado si te lo ganas. Dice que ya recibiste espíritu de adopción, y que ese espíritu es el que te permite llamar a Dios “Padre” con la misma confianza de un hijo, no con el nerviosismo de alguien que todavía tiene que demostrar algo.

Eso no vuelve irrelevante lo que hagas hoy. Le quita el peso que nunca debió cargar: el de ser la prueba de tu valor.

Oración

Padre, hoy quiero escuchar lo que Jesús escuchó antes de hacer nada: que soy amado, sin condición previa. Perdóname por buscar en el logro lo que ya me diste por adopción. Ayúdame a vivir hoy como hijo, no como alguien que todavía necesita ganarse un lugar en tu familia. Amén.