Pasaje

“Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme, has entendido desde lejos mis pensamientos… Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre.” — Salmos 139:1-3, 13

Reflexión

Hay un miedo silencioso que muchas mujeres cargan sin decirlo en voz alta: si alguien me conociera de verdad, con los pensamientos que no comparto y las partes que escondo, dejaría de quedarse. Por eso, muchas veces, es más fácil mostrar una versión editada que arriesgar la versión completa.

Salmos 139 describe exactamente lo contrario. Dios no conoce una versión editada. Conoce el sentarte y el levantarte, los pensamientos antes de que los digas, la palabra antes de que llegue a tu lengua. No hay nada ahí que todavía tenga que descubrir.

Y sin embargo, sigue. El mismo salmo que describe ese conocimiento total termina hablando de un Dios que te formó con intención, en el vientre, antes de que nadie más te conociera. No es la reacción de alguien que se decepciona al ver el interior completo. Es la ternura de alguien que lo diseñó.

Ser conocida por completo y seguir siendo amada es una combinación que pocas relaciones humanas logran ofrecer sin condiciones. Dios la ofrece primero, y desde ahí se vuelve más seguro dejar que otros vean, poco a poco, algo más real que la versión editada.

Oración

Señor, tú me conoces por completo, y aun así te quedas. Ayúdame a dejar de esconder las partes que temo mostrar, primero delante de ti, y después delante de las personas que de verdad me quieren cerca. Gracias porque no hay nada en mí que te tome por sorpresa. Amén.