Pasaje
“Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón, y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.” — Deuteronomio 6:6-7
Reflexión
Moisés no le dice al pueblo que reserve un momento especial de la semana para hablarles a sus hijos de Dios. Le dice que lo haga sentado en su casa, caminando, acostándose, levantándose. Es decir, en todos los momentos donde no estás preparando un discurso, donde no estás actuando para nadie, donde simplemente eres quien eres cuando crees que no importa.
Ahí está el peso real de este pasaje para cualquier padre. Tus hijos no aprenden de ti principalmente por lo que dices cuando sabes que te están escuchando con atención. Aprenden por cómo manejas el tráfico, cómo hablas de las personas que te decepcionaron, qué haces cuando algo no sale como esperabas y crees que nadie relevante está mirando. Esos momentos ordinarios, sin ensayo, son el verdadero salón de clase.
Eso puede sentirse pesado si te enfocas en tus fallas, en las veces que reaccionaste mal justo frente a ellos. Pero también es una buena noticia: no necesitas un sermón perfecto ni el momento ideal para transmitirles algo real de tu fe. Necesitas vivirla en lo cotidiano, con la confianza de que Dios puede usar hasta tus momentos imperfectos para enseñarles algo verdadero sobre él.
Oración
Señor, quiero que mis hijos vean algo real de ti en mí, no solo en los momentos que preparo, sino en los que no controlo. Perdona las veces que actué de una forma que no quería que vieran. Ayúdame a vivir mi fe en lo ordinario, confiando en que tú puedes usar incluso eso. Amén.